
En la democracia moderna, el pueblo es el titular del poder. La voluntad general delega esa autoridad en representantes, escogidos a través de elecciones libres. Durante los años siguientes, los políticos seleccionados por el sufragio universal se encargarán de la cosa pública con el mandato de proteger los derechos de los ciudadanos y de procurar el bienestar de la población. Abraham Lincoln lo definía como el "gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo" (Gettysburg, 18 de noviembre de 1863).
Sin embargo, una de las principales amenazas para la democracia proviene, precisamente, de quienes ejercen la tarea de gobernar. En primer lugar, porque desempeñan el mando soslayando la ética y, ya sin ese freno, vulnerando la legalidad. En segundo lugar, porque alcanzado este punto de no retorno, los gobernantes se aferran al poder para abusar de su manejo. Es"una experiencia eterna -escribía Montesquieu- que todo hombre que tiene poder siente la inclinación de abusar de él, yendo hasta donde encuentre un límite" (El espíritu de las leyes, 1748).
Cuando esta deriva se produce, la democracia se escora hacia una oligarquía, pues, el conglomerado integrado por autoridades, correligionarios políticos, conexiones económicas y apoyos mediáticos aprovecha la gestión del poder para favorecer sus intereses, aún perjudicando los derechos de la mayoría. Los mandatarios convierten, entonces, el "gobierno de la gente" en el "gobierno de su gente".
De un tiempo a esta parte, nuestra comunidad ha mostrado síntomas abundantes de este desvío.
Hace escasas semanas, en la comarca oeste de La Palma, se celebró una concurrida manifestación, capaz de llenar la Calle Real de la ciudad y, posteriormente, envolver la fachada principal del ayuntamiento. La marcha protestaba por la construcción de una planta de aglomerado asfáltico, que un sector estimable de los habitantes de la zona considera nociva para la salud. Pese a la protesta de una multitud cifrada en dos mil personas, las autoridades municipales validaron la licencia para instalar la fábrica de alquitrán. El primer edil argumentó que, de lo contrario, la tesorería municipal tendría que indemnizar al concesionario.
Con esta justificación, el ayuntamiento relegaba la petición de dos mil ciudadanos y se decantaba por los intereses del particular. En palabras del alcalde, prevalecen "los derechos adquiridos de las empresas que llevan años esperando para instalarse en el zona del Callejón" (Diario de Avisos, 3 de febrero de 2010).
Así mismo, entre la salud de los ciudadanos y el cuidado de las arcas municipales, el alcalde dio prioridad a la tesorería, preocupado, según su testimonio, porque "la suspensión de la licencia le costaría mucho dinero al Ayuntamiento" (El Apurón, 3 de febrero de 2010).
El refrán "más vale prevenir que curar" guía los pasos de los ediles a la hora de eludir el daño económico al ayuntamiento, pero ese mismo lema se desvanece como el eco cuando se aborda al riesgo sanitario que la contaminación supone para un tercio de los habitantes del municipio. Es más, en el caso de la polución, los concejales dan la vuelta al refrán y prefieren curar a prevenir. Así, el consistorio elige confiar a profesionales de la medicina la atención de los siete mil vecinos previsiblemente afectados por la suciedad del aire, antes que contratar a profesionales de las leyes para reducir la cuantía de la indemnización.
No es el único desequilibrio. El ayuntamiento evita el perjuicio que la retirada del permiso infligiría al dueño de la industria. Sin embargo, no sopesa el quebranto que la cercanía de una fábrica de piche acarrearía a los pequeños propietarios de casas dedicadas al turismo rural. Como tampoco tasa, la desvalorización que sufrirían las fincas y viviendas de centenares de vecinos.
El gobierno autónomo, concretamente, la Consejería de Industria, apoya a sus correligionarios del municipio palmero y afirma "no encontrar motivo alguno para prohibir la instalación" (El Apurón, 3 de febrero de 2010). En realidad, lo que hace es confirmar que el gobierno no toma en cuenta la salud de la población, ni un considerable rechazo popular, a la hora de tomar decisiones. Porque motivos en contra sí podría descubrir. De hecho, un alto cargo del ejecutivo los halló. En efecto, ante la noticia de que existen cinco colegios, en el radio de contaminación de la planta asfáltica, medios de la Consejería de Educación plantearon la posibilidad de trasladar las escuelas fuera del área de peligro. El riesgo se reconoce, puesto que se apunta la conveniencia de reubicar los colegios (El Día, 23 de enero de 2010). Ahora bien, no se menciona a la fábrica causante del problema. Omisión que llevó a la Asociación de Padres de alumnos de La Palma, a preguntarse "por qué Educación habla de cerrar los centros educativos y no de solicitar la anulación de la licencia de estas industrias" (El Día, 27 de enero de 2010).
Todo apunta a que el gobierno autónomo se decanta por los intereses particulares y se alinea con las autoridades municipales de su mismo signo político, mientras los habitantes pagan los costes sanitarios, ecológicos, educativos, económicos y paisajísticos que entrañan la instalación de una industria contaminante.
Cada vez más políticos de Estados Unidos y, sobre todo de la Unión Europea, propugnan una tercera revolución industrial verde, basada en fuentes de energías limpias y baratas (RIFKIN, Jeremy: Liderando la Tercera Revolución Industrial: la Nueva Agenda Energética de la Unión Europea para el Siglo XXI). Los promotores de esta transformación pretenden conjurar dos grandes peligros que ensombrecen el futuro de la humanidad: una crisis económica de grandes proporciones, causada por el agotamiento de las reservas de petróleo, y la aceleración del cambio climático, debido al uso de combustibles fósiles.
Las autoridades regionales y municipales ignoran esta alternativa y defienden a una industria sustentada en el consumo ingente de derivados del petróleo. De esta forma, convierten los sufragios que recibieron en las últimas elecciones en un cheque en blanco que lanzan como un boomerang contra la salud y, quizás, contra el porvenir de los ciudadanos. En todo caso, dejan en el rincón uno de los principales cometidos de los gobiernos democráticos: salvaguardar los derechos de las personas. El "para el pueblo", con el que Lincoln redondeaba su emotiva definición de la democracia[1]. No en vano, cuando hablamos de salud, todos reconocemos en ella uno de los pilares sobre los que se asienta la felicidad.
El proceso de deterioro de la democracia se torna desabrido cuando las autoridades, inquietas por las críticas recibidas, reaccionan propinando "tonicazos" a los opositores. En este caso, el primer edil reprochó a las asociaciones de padres de alumnos que utilizaran a sus hijos como "escudos" para impugnar al grupo gobernante en el ayuntamiento (El día, 27 de enero de 2010). Y es que, para el poder, los padres no pueden defender a sus hijos, el futuro, porque eso significa discutir el presente, que son ellos...la oligarquía.
[1] El decimosexto Presidente de los Estados Unidos pronunció esas palabras en un momento crítico de la historia de su país (18 de noviembre de 1863). El verano anterior, sobre los campos de la pequeña localidad de Gettysburg, donde hablaba, se había librado la batalla más sangrienta de la guerra civil estadounidense (1861-1865). En tres días de lucha, murieron cincuenta mil soldados de los ejércitos de la Unión y la Confederación. El improvisado discurso de Lincoln cerraba el acto que consagraba aquella tierra como cementerio nacional. La conciencia consternada del presidente solo concebía semejante derroche de sangre y valor si servía para que el "gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo" no despareciera "de la faz de La Tierra".
PedroLuis
Sea lo que usted prefiera:señora o señorita; a la "Naranja" siempre la veo con aprecio y respeto.
En cuanto a las "singularidades de la política, yo no quería romper su ilusión (de ahí mis circunloquios), pero sí: busca usted un patrón político que no menudea, aunque seguramente "haberlos haylos". Un cordial saludo, para no abusar de la generosidad de D. Salvador.
NARANJA
Si, Don Pedro, señora... o señorita, según se mire.
No creo que nadie se llame a engaños hoy en día si se decide a entrar en política. Todos sabemos cómo se mueve el poder.
Está claro que sin escrúpulos se llega a cualquier lado pero, si se tienen, son necesarios además CORAJE y VALOR. No niego que no sea un esfuerzo ... “titánico”...
Y llegados a este punto, cuando releo lo que he escrito paréceme que estoy buscando héroes y heroínas de ficción.
La realidad se me hace tan oscura como la Edad Media.
jacarrillo
Estimado Salvador: ¿no fue el ínclito Alfonso Guerra el que proclamó que Montesquieu había muerto? A la vista de la posterior trayectoria político-judicial de su centenario partido, en el ejercicio del poder, así como las innegables convicciones democráticas de las que hizo gala el PP de Aznar cuando le tocó el turno, sólo se me ocurre esperar que este estado social y democrático de derecho nuestro, que tanto sufrimiento nos costó conseguir y cuyas miserias políticas tan bien y dolorosamente describes en tu magnífico artículo, evolucione en sentido positivo y, desde un punto de vista parlamentario, entremos por fin en el siglo XXI, reforma electoral mediante. Por cierto, para nuestra común desgracia, ha quedado más que claro que Abraham Lincoln y José Luis Rodríguez Zapatero sólo se parecen en la altura (física). Ojalá, más temprano que tarde, España sea una república federal, regida por un grupo de hombres y mujeres honrados y sobradamente preparados.
rgarcia
El mundo de la política, en muchos casos, quizás en demasiadas ocasiones ha caído tan bajo, que la mayoría de las personas huye de esa vinculación por miedo a verse metido en esa espiral mediática de juego sucio y corrupción. Pero lo más penoso es que cuando los censuras o bien te hacen una peineta o con sorna te dicen: “métete tú”. Por eso siempre digo que estamos perdidos, porque lamentablemente la culpa es nuestra. Por mantenerlos.
PedroLuis
Sra. Naranja (digo yo, pues de ser Sr., sería Limón), siempre es un placer compartir sentimientos. El mérito es de D. Salvador que con su exquisita y magistral mesura, sabe expresar argumentos contundentes, sin necesidad de recurrir al insulto o la vulgar descalificación del adversario.
También a mí me asalta la duda, en cuanto a su última cuestión. No tengo experiencia, pero asumo que para el ejercicio de la política activa se necesita un “talante especial”, que por diversas razones muchas personas “nobles y de buen corazón” eluden, por comodidad, individualismo, escepticismo, derrotismo, etc. Algunas se deciden y fracasan o terminan frustradas; otras lo intentan y “los quieren, pero no los votan”; y algunos consiguen superar el trance con un saldo positivo.
La realidad enseña como mucha gente aparentemente mediocre triunfa en la política y otra, aparentemente brillante, fracasa. Creo que, como para el ejercicio de cualquier otra actividad, se necesitan una mezcla de cualidades complejas y no sólo “voluntad, nobleza y buen corazón”. Lástima, pero con frecuencia esas son las mejores cualidades para sufrir “el desengaño político”.
lleon
Atinado trabajo sobre las grandezas y las miserias de la democracia en nuestra tierra.
NARANJA
Gracias D. Pedro Luis por expresar los mismos pensamientos que he tenido en relación a este artículo y que no he sabido llevar a las palabras por pura emoción. Subrayo, sobre todo, el siguiente párrafo:
“La crítica serena e históricamente documentada, como la que tú haces, puede llegar a ser un verdadero “manifiesto revolucionario”, que remueve conciencias y despierta inquietudes, si no se han perdido hasta el final los referentes éticos en nuestra sociedad.”
En relación a las palabras del Sr. o Sra. niquiomo sobre lo de que “hay que tener mucho estómago para seguir ahí” tengo que decir que es la frase preferida de la mayoría de las personas que conozco que quieren participar en lo social pero sin dar el salto a lo político.
Yo no sé cómo interpretar esto. No creo que haya nada social que no sea político y viceversa. Entiendo lo del estómago y que a las mentes lúcidas y a los corazones nobles se les enferme.
Pero ¿tan débil le tenemos que invalida nuestro poder y voluntad y nos hace vivir sometidos a la dominación de los brutos o no existe en realidad tal voluntad y sólo nos conformamos con expresar, jugando a ser conscientes, nuestra impotencia?
niquiomo
Borrando, con tu licencia, por un momento el tema de la planta de aglomerado asfáltico, todo lo demás es perfectamente aplicable en lo que se refiere al uso del poder por aquellas personas a las que permitimos por unos años, que digan como tenemos que vivir.
Parece increible que después de cuarenta años teniendo que hacer lo que querían unos cuantos, sin posiblididad de cambio, seamos incapaces de elegir mejor esas personas. O será que todo está complicadísimo ya que como dices parafraseando a Montesquieu, el poder corrompe.
Alguna vez he hablado con algún importante cargo político, como amigo y ante mis reproches me contesta: "Hay cosas que son cuestión de Estado", queriendo decir que no se gobierna para un partido, para una ideología, sino para un pueblo, comunidad, nación que son múltiples ideologías. También me comenta que la alta, yo aporto también que la baja, política es asquerosa, que hay que tener mucho estómago para seguir ahí si quieres cambiar algo, que hay que saber tocar muchas fichas, blancas y negras, pero que también hay mucho interés económico. Pero sobre todo, me dijo, y esto si que es decepcionante, interesa mucho el Poder, el que dependan de tí.
Pienso, Salvador, que finalmente se producirá un cambio. No se cuando. Se han producido revoluciones industriales, tecnológicas, digitales, astronómicas, físicas y estamos en plena revolución científica, espero una revolución del pensamiento. Cada vez hay más analistas, pensadores, escritores que manifiestan su creencia de que vivimos en un periodo de deterioro, de ruptura. Ya veremos... o no.
He leido en un sobre de azucar, mejor y más a mano que el google, que un "pesimista es un optimista al que le han informado", bueno te invito a que te desinformes una temporada y seas optimista, te acompañaré tomando una caña.
PedroLuis
Estimado Salvador, leyendo tu artículo, impecable en la forma (desconozco el fondo del asunto), es fácil comprender porqué la cultura y la educación despierta tantas reticencias en la “oligarquía política”. La crítica serena e históricamente documentada, como la que tú haces, puede llegar a ser un verdadero “manifiesto revolucionario”, que remueve conciencias y despierta inquietudes, si no se han perdido hasta el final los referentes éticos en nuestra sociedad.
Gobernar exige tomar decisiones, muchas veces impopulares, pero si tienen detrás el refrendo de la razón y de la ética, incluso cuando generan incomodidad para una mayoría, terminan por entenderse y aceptarse. Lo que no resulta aceptable en democracia es el amiguismo o el nepotismo, que ignoro si existe en este caso.
NARANJA
Enhorabuena por este artículo.