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Carta urgente para entregar en mano a Elsa López

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21 de mayo de 2011 a las 01:59 GMT |
Gracias, Elsa

Querida Elsa:

     Por la presente quiero hacerte llegar un tropel de palabras llenas de admiración y gratitud, escritas todas ellas en caliente, casi con las tripas, pocos días después de la clausura de la feria del libro y de la exposición que Nicolás Melini ha organizado con tanto mimo en la Casa Salazar en recuerdo de la revista Azul y en homenaje a la labor, aún saludable, de Ediciones La Palma. De entrada pensé dedicarte para la ocasión un artículo en tono elogioso, pero enseguida caí en la cuenta de que tu inmensa personalidad, que desde siempre se desborda una y otra vez arrollándolo y recomponiéndolo todo a nuestro alrededor, da para mucho más -muchísimo más- que un simple comentario publicable en prensa. No. Tu vida y tu obra, tu obra y tu vida, da igual en qué orden las pongamos, se merecen como mínimo, más allá de la socorrida retórica literaria, el calor de un abrazo, bendición que no se explica sino más bien se siente y que sólo puede liberar su energía con una carta entregada en mano.

    Te queremos, Elsa, ya lo sabes, pero cuesta encontrar el momento oportuno para proclamarlo en voz alta, y lo cierto es que a menudo conviene por diversas razones que el mundo se entere de esta suerte de devoción y de sus porqués. Cuando digo "te queremos", incluyo a conciencia a mis compañeros de viaje, "tus hijos" de Ediciones La Palma, aquellos jóvenes que hace más de veinte años compartían las únicas armas de defensa posibles para sobrevivir con dignidad en una isla menor como la nuestra. ¿Te acuerdas? A cada rato venías de Madrid con la maleta llena de luz y, quizá porque buscabas la raíz de casi todo, entre viaje y viaje supiste encontrar en cada uno de nosotros la pureza de una inocencia nunca rehuida, la perplejidad de una mirada que no hacía más que descubrir maravillas y motivos para el desasosiego, la osadía del escritor primerizo y la humildad de quien acepta la condición de náufrago en medio de ninguna parte. Pero lo que no ha dejado de asombrarnos desde entonces es la generosidad y la fe ciega con que nos llevaste en volandas muy por encima del cotarro editorial de las islas mayores. Más allá de lo que se espera de una editora al uso, te desvivías por aquellos chicos como un hada madrina, tal cual, poniendo en juego tu fuerza creadora, tu tiempo y hasta tu dinero (ya sólo por el fervor con que reivindicaste a Leocadio Ortega, grandioso poeta secreto al que seguimos reverenciando, te ganaste el cielo y te ganaste la tierra). Con el tiempo hemos podido comprobar de continuo que en la república de las letras aquel gesto tuyo -este gesto tuyo que no claudica ni en períodos de crisis moral y económica- es algo más que una excepción: es un milagro que nos obliga a creer en el lado bueno de las cosas.

     Luego pasa lo que pasa. Tu ejemplo animó a Nicolás Melini en la aventura del cuaderno literario Azul, aglutinador de escritores de generaciones diversas -aunque no muy distantes-. Más tarde, a partir de 1995, también inspiró la creación y sobre todo la perseverancia durante una década de La fábrica (Miscelánea de arte y literatura). Mientras tanto, claro, seguías en tus trece, moviéndote aquí y allá como un torbellino fertilizante, escribiendo sin cesar en todas partes -¡hasta en los aviones!- poemas, artículos de opinión y novelas con la misma intensidad lírica, llamando pan al pan sin renunciar a la gracia de la música e incidiendo justo en los asuntos que más nos sobrecogen: la deliciosa imperfección del amor, los ecos fragantes de la niñez, la penumbra de las nostalgias que nos definen, la belleza de la lealtad, el coraje como opción de vida frente a la hipocresía y la pobreza de espíritu.

    No hace falta que te repita cuánto apreciamos ese torrente de tu obra ni cuánto disfrutamos bebiendo de él. Sacia justo la sed que nos hace frágiles y libres. Remueve las entrañas y empuja hacia delante, siempre hacia delante. Pero más aun nos sacude el ímpetu vital de tus ojos de niña que convierten en poesía todo lo que ven. Tus ojos de hada nos miran de cerca o de lejos y ya no nos queda más remedio que apelar a lo mejor de nosotros mismos.

    Por eso, querida Elsa, gracias, gracias y gracias.

    Firmado: uno de tus "niños".

    P.D.: Dale un abrazo al comandante Cabrera, corazón de águila y mecenas en la sombra al que no olvidamos.

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12 comentarios
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AntonioJimenezPaz
AntonioJimenezPaz

Llego un poco tarde, pero no importa si la dicha es
buena. Hoy mismo he visto esta "carta" de
Anelio, el niño bueno y barbudo, dirigida a Elsa López.
Me ha alegrado mucho.

Ella, Elsa, "mi Mamita" -que es como yo me
dirijo a ella la mayoría de veces- le debo todas esas
palabras de Anelio y mucho más. Yo también fui otro de
sus niños, tanto, que en mi inocencia, cuando yo le
llevé el primer manuscrito pretendidamente poético que
había organizado en toda mi vida y a los tantos días me
dijo que lo publicaba, yo le pregunté como un bobo
"¿por qué?", así al pie de la letra. Ella me
contestó que había "una parte" que le gustaba
mucho. Nunca me dijo cuál, pero sí que en cada
encuentro me decía: "lee este" y yo declamaba,
y otro día "lee este" y yo volvía a entonar, y
así sucesivamente... Hoy es cuando sé -entonces no
porque era un pitufo que no se enteraba de nada- que
esos poemas que ella en días distintos me rogaba que se
los leyera en voz alta mientras me miraba eran los que
formaban el grupo que a ella más le gustaba -de aquella
"parte" para mí siempre misteriosa- y por los
que había decidido que publicaba aquel mi mi primer
libro de poemas lleno de tantas curvas. Pero tú dijiste
sí y para colmo elegiste la portada mirando aquel torso
que tenías en tu casa pintado por tu también querido
Cándido Camacho. Hasta hace poco nunca supe qué te
gustó de mi libro. Hoy ya lo sé casi todo, igual que tú
sabes casi todo de mí.

Así que, Mamita, gracias por tu generosidad y por tus
estrategias silenciosas. Gracias por todo lo que me
diste entonces y por lo que aún me sigues dando. Jamás
hubiera sido lo que hoy si tú no te hubieses cruzado en
mi camino... Bien sabes que desde entonces he luchado
por no dejarte mal apostando por mí, intentando
superarme en cada libro, en cada poema que publico. No
me ha quedado otro remedio. Me enseñaste a valorar lo
más "inservible e inútil" que puede salir de
mis manos: un poema. ¡Qué lección tan grande!

Ojalá siempre te vaya bonito y que a nosotros, tus
niños, no nos falte por muchísimo tiempo ese acordeón
de aire que produces al caminar. Gracias por todo lo
que hiciste por cada uno de nosotros, por lo que
hiciste conmigo.

Muchos besos.
Antonio Jiménez Paz

Publicado el 01 de agosto de 2011 a las 16:45 GMT
PedroLuis
PedroLuis

La saludé una vez en El Planto (en casa de Cuco; bueno,
de sus señores padres, pa más señas). Entonces todos
transitábamos por los "adoquines" (que bien
dice D. Juan) de la juventud, mientras "el viento
movía las adelfas". Me alegra saber que aquel
entusiasmo desbordante de entonces, lejos de
marchitarse, permanece entre tanta gratitud y el cariño
de sus "grandes niñ@s".

Publicado el 31 de mayo de 2011 a las 22:56 GMT
MJAlvarado
MJAlvarado

Están muy lejos a veces unas islas de otras, muy lejos
a veces Gran Canaria y La Palma, tristemente
desconocidos los poetas de una isla a otra... Elsa
López es conocida en todas las islas, y en todas
admirada.
Y a través de ella, y ahora de esta exposición, más
conocidos los poetas palmeros, un magnifico grupo que
eleva literariamente el nombre de La Palma y de
Canarias, y que todos tenemos la obligación de conocer
y difundir.
Gracias a Elsa por su generosidad, a Nicolás Melini por
mostrarla de este modo, y mi felicitación a los poetas
palmeros por su buen hacer. Les animo a hacer una
"gira poética" por las islas para que en todas
se conozcan sus versos.
Un abrazo.
María Jesús Alvarado.

Publicado el 25 de mayo de 2011 a las 14:46 GMT
JuanCapote
JuanCapote

Anelio, eres un cabrito (ya sabes que dicho por mí eso
no es un insulto). Después de lo que escribiste nadie
puede encontrar palabras para expresar agradecimiento a
Elsa, esa obrera que sembró los adoquines de la calle
por donde pasaron nuestros más lindos sueños de
juventud…

Publicado el 24 de mayo de 2011 a las 09:32 GMT
arodriguez
arodriguez

Amigos lectores, Elsa López me ha enviado un mensaje
por correo electrónico y me ha pedido que lo
"cuelgue" aquí (ella no se desenvuelve bien con
estos tejemanejes de la electrónica y los blogs).
Cumplo con su deseo -como siempre- y le hago caso. Aquí
está.


Querido Anelio:

En mi corazón ya colgué tu carta. Recibo siempre cartas
raras de gente especial y siempre las leo como si
fueran enviadas a otra que no soy yo. Porque yo no soy
yo cuando habláis de mi o cuando me queréis de esa
forma tan estremecedora. Yo me miro como de lejos y me
digo qué suerte tienes, Elsa, qué gran suerte al ser
querida solo porque si, porque se le ocurre a Anelio
quererte y van y vienen otras voces a decírtelo y
parece que el mundo que había amanecido algo triste
ante tanto fracaso y tanta batalla para nada, se
volviera del revés, como un guante, y, de repente, ya
no estás tan sola y sientes el abrazo universal de los
amigos. Y aunque no entiendes bien dónde está el punto
en que nació la admiración ni el porqué de ella (tú
haces las cosas porque te nacen, porque tienen que ser
así, sin más vueltas), te alegras y te llenas de
orgullo y parece que has crecido unos centímetros y
caminas por la calle como si fueras más alta, más feliz
y más hermosa.

Por todo eso, gracias, mi querido Anelio, y se las das
a quienes han escrito su cariño por mi en ese blog
tuyo.

Yo también te quiero.

Elsa

Publicado el 24 de mayo de 2011 a las 00:26 GMT
rvalcarcel
rvalcarcel

¿Cuántas cosas sugiere la literatura de Elsa, cuántas
su voz? Una voz que suena bajita pero que sabe
emocionar, llegar a los corazones más alejados.
Una mujer generosa, amiga de la letras, de los que
escribimos y de sus amigos.
Gracias
Y mi abrazo apretado.

Publicado el 23 de mayo de 2011 a las 01:36 GMT
noesmuflonsinoarrui
noesmuflonsinoarrui

He tenido la gran suerte de conocerla, y puedo asegurar
con total seguridad que es una gran mujer.

Publicado el 22 de mayo de 2011 a las 23:00 GMT
lleon
lleon

Me adhiero a los elogios a Elsa, a fin de cuentas
también yo publiqué una novela en Ediciones La Palma,
ella ha sido una gran animadora, una persona generosa y
comprometida con muchas cosas

Publicado el 22 de mayo de 2011 a las 22:25 GMT
arodriguez
arodriguez

Gracias, Pevalqui, Jose y Antonio. Pevalqui, hazle
llegar otro abrazo a Juan Carlos de Sancho.

Publicado el 22 de mayo de 2011 a las 01:03 GMT
Antoni
Antoni

Estimado Anelio, yo también me uno a esta carta de
homenaje o carta en mano a Elsa que también nos
entregas a nosotros. Para mí la palabra poética de Elsa
es una prolongación de ese calor que demuestra hacia
los demás, o viceversa; concretamente hacia quien
escribe este comentario. Hace unos meses escribí un
artículo partiendo precisamente de esto que digo y
pensé justamente lo mismo que tú: antes de publicarlo
se lo entregué en mano. Creo que muchos deberíamos
hacer lo mismo, independientemente de la cuestión
editorial. La mejor manera de agradecer sus palabras
sus gestos es seguir su ejemplo de impulso y difusión
de la literatura que se hizo, se hace y se hará en la
isla para su proyección y hermanamiento con el
exterior, donde, me consta, será muy bien acogida y
valorada, como lo es la nuestra en la actualidad.
También me parece importante la difusión y la visión
crítica de la poesía de Leocadio Ortega, porque parece
un eslabón muy importante para el desarrollo de la
Poesía, así con mayúsculas.
Me uno también al abrazo al comandante Cabrera que más
de una vez nos llevó a visitar el mar de nubes.
Un abrazo
Antonio Arroyo
Pelvaqui, estoy completamente de acuerdo contigo.

Publicado el 21 de mayo de 2011 a las 15:12 GMT
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