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El astrónomo Peter Jenniskens del instituto para la búsqueda de inteligencia extraterrestre (SETI) y un fragmento del meteorito Almahata Sitta en el Desierto de Nubia. Autor: Peter Jenniskens.
El astrónomo Peter Jenniskens del instituto para la búsqueda de inteligencia extraterrestre (SETI) y un fragmento del meteorito Almahata Sitta en el Desierto de Nubia. Autor: Peter Jenniskens. |  publicada por: jmendez

¿Caen las estrellas?

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04 de junio de 2009 a las 13:44 GMT |
Por primera vez se predice el impacto de un asteroide que se observa en el espacio y se recoge como meteorito

Las estrellas no caen, o al menos así lo pensaron nuestros ancestros durante milenios. Estaban allá arriba, en un mundo inalcanzable, intocable, probablemente un paraíso habitado por dioses que eran responsables de darnos eternamente las estaciones, las noches y los días. Dioses que sólo de vez en cuando miraban hacia abajo, para interesarse por los mundanos habitantes de su creación y enviarnos algún recadito. La existencia de planetas que alegremente se movían entre las estrellas fijas venía a confirmar esta creencia. La Luna, Mercurio, Venus, Marte, Júpiter o Saturno fueron idolatrados y venerados como dioses. Pero a estos nunca se los vio caer.

 ¿Y los cometas? También nuestros antepasados pudieron ver cometas, que a buen seguro transmitían la sensación de que algo no iba bien en ese paraíso armónico y feliz de estrellas y planetas, porque su aparición era impredecible, tenían formas extraordinarias y se movían siguiendo unas trayectorias que quién sabía por qué. En el silencio de la noche, aquellos otros dioses presagiaban lo peor. Pero los cometas no caían.

El telescopio y el estudio matemático de las órbitas planetarias nos puso en nuestro sitio en el Sistema Solar y nos mostró que aquellos dioses planetarios se parecían mucho unos a otros, por su cinemática y su dinámica, y que eran tan previsibles que incluso los últimos planetas descubiertos ya se sabía que estaban allí antes incluso de verlos por primera vez. Pero seguía sin caer nada.

¿Y las estrellas fugaces? ¿Realmente caen o son lágrimas de algún santo que todavía lamenta su cruel sacrificio? Las estrellas fugaces son un fenómeno atmosférico producido por la desintegración de pequeñas partículas de polvo de unos pocos gramos a unos 80 kilómetros de altura. No hay por lo tanto la posibilidad de tener una de ellas en nuestras manos como si fuesen caídas del cielo.

Llegó el siglo XX y un  nuevo Sistema Solar se abrió ante nuestros ojos. No había unos pocos planetas, había realmente cientos de cuerpos de todos los tamaños y formas, todos relativamente pequeños, algunos en órbita alrededor del Sol y otros atrapados por los campos gravitatorios de los grandes planetas. Eran tantos, que incluso el pobre Plutón fue expulsado de la familia de los grandes el 24 de agosto de 2006 por ser considerado un enano, y muy parecido a otros enanos que ya se conocían por entonces. Pero, y todos estos nuevos cuerpos, ¿alguno caía?

Aunque les parezca mentira no fue hasta bien avanzado el siglo XX cuando los geólogos y los astrónomos comenzaron a cuestionarse la naturaleza de algunos cráteres terrestres y a encontrar similitudes con lo que observaban telescopios y sondas planetarias en otros cuerpos del Sistema Solar. ¿Eran impactos producidos por cuerpos menores en caída? ¿Qué relación había con los meteoritos encontrados en la Tierra? ¿Sigue habiendo impactos? En 1994 el cometa Shoemaker-Levy 9 caía en Júpiter a la vista de todos los telescopios del mundo. Sí, parece ser que los asteroides y los cometas caen, es más, al contrario de lo que nos enseñaron, el Sistema Solar no ha terminado aún de formarse y los grandes planetas continúan agregando masa. Bien, y si estos cuerpos menores caen a la Tierra, ¿alguien lo ha visto?

La noche del 6 de octubre de 2008 es una de esas noches en el observatorio que intuyes que algo grande va a pasar. Hace menos de 24 horas que los telescopios LINEAR en Nuevo México (USA) han descubierto una roca de unos 4 metros, el asteroide 2008 TC3, que se dirige hacia la Tierra y en el Telescopio William Herschel han dado la voz de alerta: hay que observarlo en el espacio antes de que la sombra de la Tierra lo eclipse. Se trata de la primera vez que se predice la caída de un asteroide y no podemos fallar.

Cuatro astrónomos, el corazón en un puño, los dedos cruzados y el telescopio al límite. El asteroide se mueve a casi 7 kilómetros por segundo y es enormemente complicado mantenerlo en el centro del campo de visión. El operador de telescopio, Antonio García, se afana en no perderle de vista. Primera integración, salen los datos... "¡Sí, ahí está, lo hemos conseguido!".

Cuatro horas y media más tarde un piloto de la KLM observa, mientras volaba sobre el Chad, los potentes flashes proveniente de la entrada en la atmósfera de 2008 TC3, y más tarde los fragmentos supervivientes de la desintegración aterrizan en el norte de Sudán. "¡Vamos a recogerlo!". Un ejército de 45 estudiantes y profesores de la Universidad de Jartum parten hacia el Desierto de Nubia para encontrar la aguja en el pajar. "Sí, se puede, si fuimos capaces de atraparlo en el cielo, ¿por qué no vamos a ser capaces de recogerlo en la Tierra?".

Tan solo dos horas desde el inicio de la búsqueda un grito de emoción rompe el silencio nubio: "¡Ahí, ahí está!". Los primeros trozos ennegrecidos del meteorito, ahora llamado Almahata Sitta, aparecen. En total recuperan 4 kilos de las 80 toneladas que pesaba el asteroide antes de entrar en la atmósfera.

El hallazgo permite contrastar por primera vez la información que nos aporta el espectro y el albedo observado en un asteroide con la composición química analizada del mismo asteroide en un laboratorio. La noticia da la vuelta al mundo y ocupa la portada de la prestigiosa revista Nature el 26 de marzo de 2009.

Después de varios milenios los hombres por fin hemos podido ver caer una estrella y ahora la tienen en sus manos. ¡Qué momento!

¿Y qué hemos sacado en claro de todo esto? Pues, por un lado, un serio toque de atención: los dioses nos pueden golpear de verdad, a veces nos hacen cosquillas pero no siempre será así. Y por otro lado, un halo de esperanza: ahora que conocemos su secreto es hora de estar preparados para golpes mayores.

Para más información:

Página web del ING con la noticia:
http://www.ing.iac.es/PR/press/2008tc3.html

Página web del instituto SETI (sigan los links a la derecha para ver fotos y diagramas explicativos):
http://www.seti.org/Page.aspx?pid=1281

 

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