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El prestigioso veterinario Juan Francisco Capote, rodeado por aquellos animales a los que ha dedicado toda una vida de investigaciones, de preguntas y respuestas. La foto del también escritor fue publicada por el Diario de Avisos.
El prestigioso veterinario Juan Francisco Capote, rodeado por aquellos animales a los que ha dedicado toda una vida de investigaciones, de preguntas y respuestas. La foto del también escritor fue publicada por el Diario de Avisos. |  publicada por: jacarrillo

El Grial

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22 de agosto de 2010 a las 14:19 GMT |
Hasta hace bien poco, Canarias malvivió en una especie de Medievo mísero y desolador, que duró cinco siglos

El pasado 30 de julio, en la Casa Salazar, un palacete del siglo XVII incrustado en la principal arteria de Santa Cruz de La Palma, la calle O"Daly, se produjo un peculiar y fortuito encuentro: como si se tratase del mismísimo Dorian Gray, situado ante el reverso envejecido e incómodo de su verdadero yo, el pasado no tan remoto y el presente de la isla (en realidad, de todas estas islas, meros trozos de tierra condenados a la eterna maldición de su naturaleza fragmentaria) se vieron las caras fugazmente y sin que apenas nadie apreciara la trascendencia o no de semejante momento.

Ocurrió durante las últimas sesiones del III Congreso de Estudios Generales de La Palma. El prestigioso veterinario palmero, Juan Francisco Capote Álvarez, que a su condición de especialista internacionalmente reconocido en el ámbito del ganado caprino une la de haber sido designado por la UNESCO Embajador de Buena Voluntad de la Reserva Mundial de la Biosfera de La Palma, ofrecía una ponencia, la primera de la jornada, bajo el rótulo de "La cabra palmera: un genotipo singular dentro de su especie".

Dicha charla, que resultó un ameno y detallado recorrido por la historia de este animal (desde su dimensión mitológica hasta el estado actual de su población en el planeta), estuvo apoyada por abundante material fotográfico e incluyó el anuncio por parte del ponente de los resultados de un reciente estudio, publicado en el Journal of Dairy Research y llevado a cabo por investigadores de las universidades de Barcelona, Córdoba, Gerona y del Instituto Canario de Investigación Agraria, que revela que "todas las cabras canarias descienden de un solo rebaño".

En este sentido, Juan Capote explicó que de ese "núcleo original" surgieron las razas insulares existentes hoy: Majorera, Tinerfeña (con sus dos variedades, norte y sur) y Palmera. Si bien es en las dos últimas especies donde se conserva, en mayor porcentaje, el genotipo del rebaño fundacional. Más próximas, genéticamente, a las cabras africanas que a las europeas, este investigador recordó que hace un año, en la revista Animal Genetic, apareció un artículo en el que se demostraba que gran parte de las cabras americanas descienden de las canarias.

Sin embargo, con todo lo exhaustiva, rigurosa y entretenida que resultó la ponencia presentada por Juan Francisco Capote, seguida con interés por un reducido número de espectadores, lo más revelador y fascinante de toda la información expuesta fue descubrir que apenas han transcurrido seis o siete décadas (en términos de evolución biológica y geológica no llega ni a la categoría de parpadeo) desde que en este Archipiélago nuestro malvivíamos tan sólo con el fruto que proporcionaba la tierra y, en cualquier caso, el mar, y donde la posesión de una cabra garantizaba la supervivencia para muchísimas familias.

Aquella era una Canarias totalmente opuesta a la actual. Es más, aquella era una (ir)realidad absolutamente inimaginable para la inmensa mayoría de cientos de paisanos, niños y niñas, jovencitos y jovencitas, padres y madres, abuelos y abuelas que, mientras un respetable científico nos recordaba el mísero (y honesto) origen del cual provenimos (una especie de Medievo desolador y asfixiante que se prolongó cinco siglos), guardaban cola más de una hora para poder fotografiarse junto a la Copa del Mundo de Fútbol, hipnótica y reluciente, como un nuevo Grial, llama dorada bajo la luz de julio, en el patio de la Casa Salazar

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24 comentarios
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jacarrillo
jacarrillo

Estimado Jlima: tus cálidas y agudas palabras perturban
esta serena tranquilidad de un domingo por la noche, en
plena canícula. Desconozco si existe alguien que sepa
más de los humanos que los propios humanos, pero sí que
tengo claro que a este veterinario humanista nada
humano le es ajeno. Prueba de ello es su saludable
sentido del humor, su cultura multidisciplinar y su
amor incondicional y desenfrenado por Maria Callas,
"La diligencia" de John Ford, la S.D. Tenisca y
el Atlético de Madrid. Todas esas pasiones hablan de su
grandeza de espíritu y de su enorme sentido común, que
es el menos común de los sentidos entre los de su
especie, en la que abundan tanto cabras como cabrones.

Publicado el 23 de agosto de 2010 a las 00:13 GMT
Celia
Celia

Super interesante! El texto precioso, como siempre.
Enhorabuena al Sr. Capote por este trabajo de
investigacion. Por cierto, me encanta la foto. Yo,
que estoy convencida de que los animales tienen alma,
en esta foto las cabras parecen saber que son ellas las
protagonistas de esta historia y que confian plenamente
en Juan Francisco... increible!

Publicado el 22 de agosto de 2010 a las 22:17 GMT
jlima
jlima

Juan Capote, el del centro en la foto, tiene un aire
interesante con esa barba blanca de sabio profeta,
aderezado con ese pañuelo estilo palestino, que le da
un toque revolucionario. Tiene un cierto aspecto de
Arafat en medio de su rebaño, claro que el rostro de
aquel era más afilado.

Este hombre sabe más de cabras que las cabras de si
mismas. ¿Habrá alguien que sepa de los humanos más que
los humanos? Abstenerse de responder metafísicos que
padezcan el mal de la enaneidad o teólogos metidos a
juglares.

Bromas aparte, un placer leerte, Ilustre, como siempre
y otro gran placer conocerte, querido Juan Capote.

Publicado el 22 de agosto de 2010 a las 20:32 GMT
spica
spica

El articulo como siempre del diez, las conclusiones
que de el saco son: 1º Que la denominación de Cabra, en
otra época significaba lo que todos sabemos y 2º Que a
mi particularmente lo que mas me llama la atención de
este animal es lo suculentos que resultan bien
preparados sus crías de pocos días. En Fuerteventura
les llaman Baifos, que ricos que están. Saludos

Publicado el 22 de agosto de 2010 a las 15:09 GMT
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