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Fisco

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30 de julio de 2010 a las 16:58 GMT |
Llevaba a su tierra natal en la sangre y regresó a ella para recuperar el paraíso perdido

En abril de 1945, mis abuelos paternos, José Amaro Carrillo González-Regalado (1913-1984) y María Jesús Trujillo Carrillo (1917-2006), llegaron a Santa Cruz de La Palma, procedentes de Santa Cruz de Tenerife, donde se habían conocido, donde se habían enamorado, donde habían contraído matrimonio y donde habían venido al mundo sus tres primeros hijos: María del Carmen [Nena], José Amaro [Pepe] y mi padre, Miguel Ángel [Nane]. Posteriormente, en la capital palmera, en la que mi abuelo, capitán de la Marina Mercante, ejerció como práctico durante más de tres décadas, nacieron los restantes cuatro hijos de la pareja: María Jesús [Chucha], Federico [Fisco], Carlos y Florinda. El pasado jueves, 22 de julio, a las cinco de la mañana, el corazón del quinto de estos siete hermanos se detuvo para siempre, cuando contaba con cincuenta y nueve años.

Las horas posteriores a tan terrible desenlace fueron la dolorosa y emocionante constatación de que también, fuera del amplio círculo de nuestra familia, mi tío era una persona profundamente querida por sus amigos, por sus compañeros de trabajo, por sus alumnos de talleres y cursos, por los conocidos e incluso por aquellos (los menos) con los que apenas tuvo relación a lo largo de su activa, jovial y desinquieta singladura vital. Nadie faltó a la triste despedida y todos mostraron su cariño y su afecto tanto a Rosa Sosa Castro (su pareja desde que ambos eran unos niños) como a sus dos hijos, mis primos hermanos (más hermanos de uno que nunca) César (en camino de ser padre por tercera vez, junto a su inseparable Inma) y Fede. De manera que el sepelio de Fisco (a quien sus paisanos conocían como Fico) se convirtió en la conmovedora demostración de que, como ocurre con la luz de los astros, la estela que determinadas criaturas dejan a su paso por esta corta estación de la vida no se consume con la muerte.

Mi tío, siempre sensato, siempre divertido, siempre locuaz, era un benévolo y travieso fauno de Rubens, de mostacho generoso, piel rosácea y mofletes carnosos, con la gracia rápida, constantemente al quite, y, además, reunía en su redonda humanidad todas las virtudes (la chispa, el ingenio, la memoria portentosa) de un excelente contador de innumerables historias, relacionadas con el paisanaje local que conocía al dedillo, a pesar de haber permanecido fuera de la isla la mayor parte de su existencia adulta. Porque, aunque tuvo que marcharse muy joven (primero, a Madrid, donde intentó en vano hacerse piloto de aviones y, luego, a Cádiz, donde cursó sus estudios de Ingeniería Naval), a lo largo de los más de treinta años que pasó lejos de La Palma (en un corto pero intenso peregrinar que lo llevó de San Sebastián de La Gomera a Puerto del Rosario, en Fuerteventura; a Santa Cruz de Tenerife y, finalmente, a Las Palmas de Gran Canaria) Fisco jamás renunció a su condición de palmero, ya que, en una suerte de exilio que tenía mucho de forzoso, trató en todo momento de ser fiel a sus raíces y al singular y pintoresco microcosmos al que pertenecía desde la cuna.

Los fuertes y poderosos vínculos emocionales y culturales que lo unían a su tierra natal lo llevaron, hace ocho años, a presentarse a unas pruebas de selección de personal, convocadas por el Cabildo Insular de La Palma, para obtener la plaza de técnico superior en Prevención de Riesgos Laborales. Mi tío, que por entonces ya había superado la cincuentena, concursaba con aspirantes a los que doblaba en edad y en experiencia. Aquellos chicos, recién licenciados, se vieron sorprendidos por la vitalidad y el grado de preparación exhibido por Fisco y llegaron a comentar en los pasillos, con una mezcla de asombro y admiración, que "aquí, el que sabe de verdad es el viejito". Precisamente, fue el "viejito" quien acabaría llevándose uno de los puestos en liza, lo que le abrió la puerta para el regreso a su antigua casa, a su patria chica, al paraíso perdido de la infancia y de la juventud, que, como ya se ha dicho, nunca había abandonado del todo.

Pero la vuelta de Federico Carrillo a su querida ciudad y al calor de su gente no fue fácil. La distancia del tiempo había abierto ciertas fisuras que era preciso sortear y en esa complicada y delicada labor de reconstrucción de viejas relaciones, de recuperación de amistades y de costumbres, de revivir, en definitiva, una nueva vida llena de pasado y de deseos nostálgicos, mi tío pudo contar con la ayuda incondicional de su cuñado y amigo, Miguel Jesús Sosa, un leal camarada, un caballero de pies a cabeza, digno heredero de una irrepetible estirpe de hombres gentiles que hoy se halla en severo peligro de extinción.

Felizmente reintegrado en la particular idiosincrasia de la sociedad palmera, Fisco disfrutó en sus últimos años (¿quién podía prever un final tan cruelmente precoz?) de una especie de segunda adolescencia: rehízo lazos afectivos que se habían roto, retomó su inveterada afición por la música (formó parte activa de la agrupación de Viejos Villanciqueros y del conjunto Renacer) y emprendió nuevas complicidades. La prueba dichosa de que el regreso al origen no tiene por qué ser un penoso ejercicio de reencuentro con cicatrices y recuerdos indeseables siempre que la persona llamada a volver lo haga con los brazos abiertos, el corazón animoso y la conciencia limpia.

Estoy seguro de que su madre, nuestra entrañable abuela María Jesús, se ha llevado un grave disgusto al verlo llegar, donde quiera que ambos se encuentren ahora. Igual que nosotros, que sufrimos la inconsolable desolación de la pérdida, el eco interminable de un sufrimiento sordo, tristísimo. Sin embargo, también queda la alegría, la gratitud, la maravillosa bendición de haber compartido este tiempo sin tiempo de la vida con un ser humano único, insustituible, imprescindible.

Gracias por todo, Fisco, y hasta más ver.

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24 comentarios
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macame
macame

Att.SR. Pedro Luis:
Muchísimas gracias por sus palabras de aliento.

Publicado el 08 de agosto de 2010 a las 20:59 GMT
PedroLuis
PedroLuis

Estimado "D. José", aunque un pelín tarde,
felicidades: está hecho usted "todo un
muchachón"; ¡Hasta luego Lukas!

Publicado el 06 de agosto de 2010 a las 11:55 GMT
MAGA
MAGA

Aunque este no sea el momento ni el lugar más
adecuados, ¡le deseo un muy FELIZ CUMPLEAÑOS, Don Jose!
Y gracias por hacer también con sus palabras que este
mundo nos resulte a todos un poco menos "furioso y
enfermo".

Publicado el 05 de agosto de 2010 a las 23:28 GMT
jacarrillo
jacarrillo

En el día en que la Patrona descansa ya en su Real
Santuario, después de tanto trajín, y en el que celebro
mi trigésimo noveno cumpleaños me gustaría expresar, en
mi nombre y en el de mi familia, mi más profundo
agradecimiento a todos aquellos amigos y amigas que han
enviado a este blog sus sinceras y sentidas muestras de
condolencia por la trágica muerte de mi tío. Ojalá
algún día sea posible el reencuentro con nuestros seres
queridos, fuera de este mundo enfermo de ruido y de
furia y que gentes de bien, como ustedes y como Fisco,
contribuyen a hacer un poco más vivible, un poco más
humano. Un fuerte abrazo para todos.

Publicado el 05 de agosto de 2010 a las 18:01 GMT
PedroLuis
PedroLuis

Sra. "Macame": ¡cómo "se llega" cuando
se escribe con el alma".
Imagínese que baja de prisa, pongamos por la
"Avenida de El Puente" y en la esquina de la
calle Real, de sopetón, se encuentra con "tío
Fisco", que no entiende "sus prisas", la
mira y le sonríe, lanzándole: ¡hasta luego Lukas! Es el
mejor regalo para compensar sus hermosas y emocionantes
palabras.

Publicado el 04 de agosto de 2010 a las 20:30 GMT
Tanausu
Tanausu

José Amaro: Permíteme que te diga que lo has clavado.
Conozco a los "hijos del práctico" desde hace
muchos años, en particular a mi amigo Fico y a tu tía
Florinda, a la que me une una gran y entrañable
amistad, a la que ví antes de la Semana Grande ( el 10
de julio, no me olvidaré nunca) y la encontré muy, muy
triste; luego supe por qué:Fico Carrillo se nos iba
irremisiblemente. ¡¡Que triste, carajo, que triste!!
¡¡Y que injusto también el destino!!
Mis cariños más sinceros y mis abrazos para todos
ustedes.

Publicado el 04 de agosto de 2010 a las 19:19 GMT
macame
macame

Cada día que pasa, me parece más increíble que mi tío
Fisco, ya no esté entre nosotros.
Siempre tuvimos muy buena conección, y tanto en mis
buenos momentos, como en los malos, tanto tú como mi
tía Rosa, siempre estuvieron poniéndome su hombro.
Aún cuando en mi loca juventud, tu podías preveer que
no estaba yendo por buen camino,siempre escuchaba en
mis oídos la misma sintonía:¡¡¡Maca ten cuidado con
esto!!,¡¡¡Maca ten cuidado con lo otro!!...y siempre
confortándome con tu mano en mi hombro, como si de un
padre se tratase.
Te doy mil GRACIAS, por querer compartir conmigo uno de
los días más felices de mi vida, cuando apareciste por
casa,guapísimo,enchaquetado con tus mofletes
rosados,para ayudarme una vez más a cumplir ese sueño
de toda mujer, llevarme a la iglesia para casarme con
la persona que amo,de la paciencia que tuviste con las
fotos, y de lo divertido que lo pasamos con tus
ocurrencias en el trayecto a la celebración.
GRACIAS, porque a pesar de que a todos tus sobrinos los
querías,siempre me abrazabas y me decías que yo era tu
sobrina preferida, por lo bien que me refería a tí
llamándote:"Tío".
GRACIAS, porque a pesar de tu enfermedad,tuviste el
valor de llamarme el Día del Carmen(16 de Julio),no
solamente para felicitarme,sino una vez más saber como
estaba, como me iban las cosas....
Me "prometiste" que nos veríamos, pero
desgraciadamente no pudo ser....aunque no te preocupes
porque siempre te tendré presente,pensaré que te has
ido de viaje y que algún día nos encontraremos.
Decirte que te Quise,te Quiero y te Querré siempre, y
que no te digo un adiós,sino como a tí te gustaba:
¡¡¡¡Hasta luego Lukas!!!!!!

Publicado el 04 de agosto de 2010 a las 02:50 GMT
carlichili
carlichili

No se puede decir nada, cuando todo está dicho. Sólo
quiero dar las gracias:

- A toda la gente que nos apoyó, en esos días
tristes, imposibles de olvidar.
- A Miguel Jesús Sosa, por todo.

Y estar eternamente agradecido:

- Por haber conocido a Fisco.
- Por ser su sobrino.
- Por nacer y crecer en nuestra gran familia.

Publicado el 03 de agosto de 2010 a las 18:04 GMT
mvhperez
mvhperez

Me da mucha rabia no recordarle, posiblemente lo
conocí, y ponerle rostro, voz y sonriza.

Un abrazo, y gracias por descubrimelo.

Publicado el 03 de agosto de 2010 a las 12:54 GMT
JuanCapote
JuanCapote

José Amaro, me has vuelto a poner la carne de gallina,
por segunda vez en poco tiempo. Tuve la suerte de ser
vecino de Fico y su maravillosa familia durante muchos
años. A ellos les debo, en parte, mi educación en la
alegría, en la burla amable, en la sonrisa ajena como
objetivo propio. Ya no oiré los cuentos de Fico sobre
Antonio Tostonera (bueno, Antonio Capote, como a él le
gustaba llamarse), ni sus ocurrencias ágiles y agudas.
Su madre, que era una gran señora, también era lo más
gracioso del mundo. Cuando mi madre, conciente de su
futuro más inmediato, le decía a María Jesús que se iba
a morir, ella, para alegrarle el día, le contestaba que
la avisara con tiempo para mandarle unas tortillas a su
difunto marido, tu abuelo, José Amaro. Cuando a mí me
toco avisarle del inminente desenlace le dije a tu
abuela: vete preparando las tortillas María Jesús. Me
gustaría creer que ahora se las está comiendo Fico
junto a sus padres y a los míos

Publicado el 02 de agosto de 2010 a las 15:06 GMT
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