En enero de 2009 la editorial Seix Barral publicó por vez primera en castellano Playing the Enemy, un excelente ejemplo de crónica periodística, firmado por el británico John Carlin, ex corresponsal en Sudáfrica, que abarca el periodo de tiempo comprendido entre los años inmediatamente anteriores a la excarcelación de Nelson Mandela hasta la celebración de la final de la Copa del Mundo de Rugby, en el estadio de Ellis Park, Johannesburgo, el 24 de junio de 1995.
Este libro, que vio la luz en 2008, ha servido de principal fuente de inspiración para Invictus, la última película estrenada por el actor y director Clint Eastwood y que cuenta con el protagonismo estelar de Morgan Freeman, quien por fin se ha metido en la piel y hasta en los zapatos del célebre político sudafricano ("Uno no sabe cómo piensa un hombre hasta que no se calza sus zapatos", afirmaba Abraham Lincoln), después de barajar diferentes proyectos cinematográficos relacionados con Mandela, con el que el propio intérprete mantiene una magnífica y estrecha relación de amistad desde hace más de una década.
El factor humano, que es el título de evidentes resonancias greeneanas escogido para la versión española de la obra de Carlin, muestra, de forma sencilla, entretenida y elocuente y desde los diferentes puntos de vista en conflicto, el arduo, complicado, difícil y delicadísimo proceso de transición política que llevó a todo un país, en cuestión de diez años, de sufrir justificadamente la ignominia y el desprecio de la comunidad internacional (el Apartheid fue calificado por la ONU de Crimen contra la Humanidad) a erigirse en modelo de reconstrucción nacional, a partir de la superación de más de un siglo de crueles guerras coloniales, sangrientos enfrentamientos tribales y horrendos regímenes segregacionistas y antidemocráticos.
Como bien queda reflejado tanto en el relato de John Carlin como en el film de Eastwood, si bien la película se centra casi en exclusiva en la hábil maniobra encaminada a transformar al equipo de rugby (denostado por la mayoritaria población de raza negra) en un pacífico símbolo de la reconciliación nacional, el milagro de una Sudáfrica multicolor se debe, en gran parte, a la perspicacia y a la sagacidad encomiables del ex presidente Mandela, alguien que, tras veintisiete años de inmerecido cautiverio, tuvo la lucidez de entender que el futuro de su país no estaba en el afán de revancha sino en la capacidad de perdonar, en el esfuerzo colectivo de dejar atrás un pasado terrible, acribillado de cicatrices demasiado profundas y dolorosas.
Con su apacible y jovial apariencia de hombre que nunca deja de sonreír, Mandela oculta la preclara y firme voluntad de un estadista de talla universal que no duda de sus convicciones. En las páginas finales de El factor humano, en el capítulo acertadamente intitulado "Ama a tu enemigo", John Carlin sintetiza con gran precisión las claves que explican el ineludible encanto personal que hace de este hijo de jefe del clan Xoxa, al que sus compatriotas llaman "Madiba" (voz indígena sólo reservada a los ancianos más respetados dentro de la tribu), acaso el político más carismático y decisivo desde Martin Luther King, con quien el líder sudafricano terminó compartiendo la fe irrenunciable en la no violencia:
"Su arma secreta era que daba por supuesto no sólo que le iban a caer bien las personas a las que conociera, sino que él les iba a gustar a ellas. Esa enorme seguridad en sí mismo, unida a la sincera confianza que tenía en otros, era una combinación tan irresistible como encantadora -escribe Carlin-. Era un arma tan poderosa que engendró un nuevo tipo de revolución. En vez de eliminar al enemigo y partir de cero, incorporó al enemigo a un nuevo orden deliberadamente construido sobre los cimientos del viejo. Al concebir su revolución, no sólo como la destrucción del apartheid, sino, a largo plazo, como la unificación y reconciliación de todos los sudafricanos, Mandela rompió el molde histórico".
En cuanto a Invictus, la película, dignísima descendiente del honesto material literario a partir del cual cobra vida, sólo se puede hablar de ella en términos elogiosos. Supone la enésima demostración de sobriedad, pulcritud y eficacia narrativa, por parte del último cineasta verdaderamente clásico que le queda a Hollywood. Resulta un trabajo impecable en todos los aspectos y tan solo en su secuencia inicial (que describe el paso de una comitiva de coches por una carretera, con Mandela, recién liberado, a bordo de uno de ellos, con un grupo de chicos negros, desarrapados, que juegan al fútbol en un descampado, a un lado de la calzada, mientras, al otro, un grupo de corpulentos jóvenes blancos practican rugby sobre un césped cuidado) resplandece más talento que en toda la filmografía de un "genio" tan absurdamente sobrevalorado como Tarantino, cuya fricada más reciente, Malditos bastardos, sí competirá por el Oscar el próximo 7 de marzo. Vivir para ver. Ver para creer.
Por otra parte, como espectador, he de agradecer al siempre formidable Morgan Freeman, coproductor aquí del film, las molestias que se ha tomado en poner en pie este largometraje. Sin él, Mandela sería menos Mandela y, con él, el personaje ficticio conserva la dimensión épica y la extraordinaria majestuosidad y magnetismo que irradia el ser humano increíble que Freeman pretende (y consigue) encarnar.
Además, a título personal, espero y deseo que esta cinta perdure en el tiempo y permita que nunca más ningún profesor de Secundaria se tope con la respuesta que, durante mi primer curso de docencia, recibí de una alumna de quince años cuando, al preguntar en clase si alguien conocía a Nelson Mandela, su brazo fue el único que se alzó entre los demás y sus labios contestaron con no mucha convicción:
-Es un torero, ¿verdad?
jacarrillo
Querido Turre: agradeciendo de antemano vuestra gentil preocupación por mi integridad física, debo tranquilizaros, ya que el reptil en cuestión es de total confianza. Dejemos la intervención del feroz Pipo y de su caballeroso dueño para otra ocasión que lo merezca. Un abrazo.
Turre
Dios mio Jose Amaro, estas siendo acosado por un cocodrilo! Si tienes miedo pidele a Kanak que te preste a Pipo, su perro cocodrilero...
cocodrilo
Me alegra leer este artículo... no sólo porque, después de ver la peli, me identifico totalmente con lo que cuentas en él, sino porque verlo colgado en tu blog indica que sigues vivo. Tenía serias dudas, después de recordar que la semana pasada estuviste en La Palma y de comprobar que no has respondido ninguno de los mensajes de móvil que te envié (en realidad no fueron tantos, creo que dos). Lo dicho, que me alegro de "adivinar" que las lluvias no te han ahogado. Otra cosa, o el nombre "Mandela" tiene unas connotaciones que se nos escapan o la alumna a la que te refieres es clónica de otro alumno mío de hace un par de años: para él, Manela era un músico brasileño...
JuanCapote
Después de 6 horas de carretera, medio catarro y 2 tesis de master en el CIHEAM (un Instituto que reparte su docencia de posgrado en varios paises mediterraneos), llego,e "un poco" cansado a Barcelona, donde Gerardo Caja, uno de los grandes internacionales de Animal Science, me presta su pc para que yo me pueda lanzar a Elapurón. Y me encuentro con este regalo. Dormiré soñando con esa película o, si tengo suerte, con el parque Kruger (si, como los cigarillos rompepleuras), sus papiones, sus elefantes o, quizas mejor, con la amplia y limpia sonrisa de aquella joven zulú a la que ni siquiera nuestro ranger africaner pudo resistirse
PedroLuis
Pues no iba tan descaminada esa alumna...Para lidiar con éxito el miura del "apartheid" hay que ser: ¡torero, torero... torero!
El "factor humano" de Nelson Mandela ha sido determinante para afrontar la resolución de un drama, que siempre amenaza con la posibilidad de un nuevo acto. Ojalá sólo revivamos su recuerdo a través de la ficción del arte del buen cine.
MAGA
Desde luego que Clint Eastwood y Morgan Freeman forman untandem increíble. Magnífica película "Invictus". Además (y esto también atítulo personal) soy una entusiasta seguidora del rugby.
Y, como bien apuntaba Celia, pese a las desigualdades existentes aún hoy en día, me gusta creer que el deporte sirve, ante todo, para unir.
¡Lástima de educación secundaria! Menos mal que aún contamos con algunas "buenas bazas" para seguir creyendo en la docencia.
ificrates
No he visto la pelicula ni el libro,pero coincido con las reflexiones sobre Mandela ,es casi sobrehumano (mejor que inhumano como calificó su bondad Eastwood).
En una entrevista a Mandela contaba como fue desechado como guerrero,despreciado y mandado a la ciudad para formarse.Alli se hizo abogado.
La ceremonia de inicicacion en la edad adulta incluia la circunsicion ,ante la que no hay que demostrar dolor,algo que mandela no consiguio.Segun él nunca sintio mayor dolor en toda su vida.Estos son sus zapatos.
Es algo curioso como juega el destino,y como valores tan primitivos acaban ,sin pretenderlo,por ensalzar y elevar al manso.
arodriguez
No me sorprende, querido Jose, que Mandela sea uno de tus referentes. La colosal figura de Mandela se hace necesaria para sobrevivir a las guanajadas de tantos guanajos que por todas partes enturbian la sombra del poder político y económico.
Celia
Me encanta Morgan Freeman, espero que se acuerden de el en los Oscars. Buena combinacion con Clint Eastwood y tambien Matt Damon. Si el deporte sirve para unir, pues adelante! Aunque no estoy muy segura de que hayan cambiado mucho las cosas, veremos que nos depara el Mundial este ano en Sudafrica. Ojala la vida real fuera como en las peliculas de Clint Eastwood... Suerte y que lo disfruten los amantes del futbol. Como dirian alli: "Unconquered!"